Maribel del Álamo
Directora de Ambienta
Se avecina la Navidad, el Año Nuevo, y mientras intentamos conciliar el fomento del consumo para paliar la crisis económica y laboral con la mesura de gasto que impone esa misma crisis, tenemos, además, que consumir de forma responsable, solidaria y justa. Una tarea que no es fácil, pero sí necesaria, y que sólo requiere la aplicación del sentido común.
Llegan también, junto con la iluminación navideña, las agendas para el nuevo año: las que nos regalan, las que compramos y las que nos imponemos. Y la más importante de todas, mucho más que los plazos para dejar de fumar o las citas de reuniones de trabajo, es la Agenda para el Cambio. Un cambio global y personal necesario, urgente y vital.
Dicen todos los grandes expertos que escriben en este número de Ambienta que la pasividad y las prorrogas tienen que llegar a su fin, que el cambio, que ya ha comenzado tímidamente, debe llegar a todos los sectores y a toda la sociedad.
Según un discutido informe de la Universidad de Estocolmo encabezado por Johan Rockström y realizado por un gran número de prestigiosos científicos, los límites de aguante del Planeta ante todos nuestros desmanes, ya se han traspasado. Que el cambio climático es real y ya lo estamos sufriendo es un axioma que muy pocos siguen poniendo en duda. Los trabajos científicos reafirman las tesis del IPCC e incluso se cree que en muchos casos se pueden haber quedado cortos.
El calentamiento global, la subida del nivel del mar, el deshielo de los polos, la desaparición de los glaciares, las sequías e inundaciones…,son fenómenos que van mucho más allá del tantas veces menospreciado medio ambiente.
Como dicen unas páginas más adelante Neira e Izquierdo: "De nuestro compromiso como especie depende la salud de la biosfera y de la salud de la biosfera depende la salud de la humanidad". Una parte de esa humanidad a la que todos pertenecemos, la más pobre, la más desfavorecida, aquella parte a la que le ha tocado malvivir e intentar sobrevivir, es sobre la que ya pesan los más terribles efectos del cambio climático y de la pérdida de biodiversidad.
Creemos estúpidamente en los países desarrollados que la desaparición de especies tiene poco más que una importancia estética. ¡Con lo bonito que era el bucardo, qué pena! Y no queremos asumir que la desaparición de especies de flora y fauna lleva consigo la deforestación, la desertificación, las migraciones masivas, el hambre y las epidemias.
Dice Margarita Clemente: "la conservación y utilización sostenible de la biodiversidad y la participación y reparto de sus beneficios deben ser trasladados al ciudadano como elementos imprescindibles para un desarrollo sostenible, la lucha contra la pobreza, la creación de empleo y el aumento del bienestar humano".
Porque sí estamos muy preocupados por las crecientes cifras del paro en los países desarrollados y quizás no queremos creer que un cambio en la agenda mental de gobernantes, empresarios y trabajadores hacia empleos verdes puede crear muchos puestos de trabajo y además, como dice Joaquín Nieto: "Los empleos verdes y decentes vinculan eficazmente los Objetivos de Desarrollo del Milenio de reducción de la pobreza y protección del medio ambiente".
Las energías renovables y la agricultura ecológica podrían ser los principales vectores del cambio de modelo productivo que debería sustituir al modelo tradicional, sustentado en el petróleo y en la urbanización incontrolada, que se ha mostrado ineficaz, insostenible y vulnerable.
"Las empresas, con sus enormes capacidades de impacto económico, sociolaboral y medioambiental, deben ser agente fundamental para el avance en todo tipo de proyecto social y económico y aplicar la Responsabilidad Social Empresarial. La RSE es una herramienta de avance social como una feliz oportunidad de que las empresas, en la búsqueda de su competitividad, incorporen a su estrategia niveles de excelencia en las relaciones con sus empleados, con el medio ambiente y con el entorno social e institucional más próximo", dice Ramón Jáuregui.
También en la agenda para el cambio tendrán un papel protagonista las grandes ciudades, las causantes de la mayor parte de las emisiones dañinas para la salud y el medio ambiente. Para ello habrá que avanzar en el concepto que Jaume Terradas denomina descarbonización y como apunta Alfonso Vegara: "La competitividad económica, el equilibrio social, la calidad de vida y la sostenibilidad ambiental, dependerán de nuestra capacidad colectiva para reinventar y gobernar nuestras ciudades y regiones, y en definitiva, de nuestra capacidad para innovar y compartir esas innovaciones con otras ciudades en un mundo cada vez más global".
La Agenda para el Cambio ya está abierta. De todos nosotros depende llenar sus páginas de iniciativas válidas y valiosas para conseguir objetivos tan ambiciosos como el desarrollo sostenible, la reducción de la pobreza y la injusticia social y la mitigación y adaptación al cambio climático. No hay gesto pequeño ni individuo no válido para esta tarea, pero eso sí, no debemos ponernos prórrogas ni excusas: el cambio debe empezar hoy.