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REINVENTANDO UNA FORTALEZA DE CARTAGENA

La batería San Isidoro-Santa Florentina antes de su cierre en 1997.Fuente: Aforca

El siglo XVIII resulta fundamental para comprender el patrimonio militar de la ciudad de Cartagena, en la Región de Murcia. A lo largo de este siglo se erigió de forma estratégica un sistema de fortificaciones compuesto por castillos, murallas y baterías para la defensa de la ciudad. Hoy en día, algunas de estas baterías han sido rehabilitadas y dotadas de un nuevo uso pero otras, sin embargo, permanecen aún en el olvido. Éstas últimas se encuentran en estado de grave deterioro víctimas de condiciones adversas como el vandalismo, el ambiente marino o el mismo paso del tiempo, que deterioran día tras día esta parte fundamental de la historia cartagenera y española.  

En Except Integrated Sustainability estamos convencidos de que tanto edificios abandonados como áreas urbanas deterioradas pueden llegar a transformarse en lugares prósperos y sostenibles donde poder vivir, trabajar y, ante todo, en los que volver a disfrutar de su singularidad.  Y sobre la base de esta premisa, Except ha lanzado los programas Urban Renaissance y Future Proof Buildings, que utilizan la innovación y el pensamiento sistémico como herramientas para abordar cada una de sus intervenciones. 

Si algo tienen en común todas las baterías militares diseñadas en Cartagena es que sus ubicaciones son excepcionales. Todas ellas, próximas al mar, ofrecen vistas extraordinarias de la ciudad. Sin embargo, solo una logra llamar mi atención cada vez que visito mi ciudad natal: La batería de San Isidoro-Santa Florentina en la que disfruté mis primeros veranos junto a mi familia. Recuerdo pasar días enteros en Cala Cortina “la pequeña”, que es como llamábamos a la calita escondida situada a los pies de esta misma batería. Allí disfrutábamos de una piscina natural en la orilla y unos vestuarios que parecían de tiempos romanos. Lamentablemente, hace mucho que dejaron de existir, y la única forma que tengo de contemplar mi lugar favorito de Cartagena es a través de una vieja verja que lo rodea. Sin embargo, no puedo evitar imaginármela abriendo de nuevo sus puertas para que ésta y futuras generaciones disfruten de ella de la misma forma que yo lo hice. Así, un día me pregunté: ¿de qué forma podría renacer la batería de San Isidoro-Santa Florentina?, ¿cómo podría este edificio abandonado volver a su esencia, a velar por los intereses de los cartageneros?  

Esquema funcionamiento del Seawater greenhouse Fuente: www.greenprophet.com Cartagena y su necesidad de agua dulce

Cartagena es una antigua y preciosa ciudad situada al sureste de la costa española. Uno de los rasgos que la caracterizan, y  a la Región de Murcia, es la aridez de sus tierras y su déficit hídrico. La precipitación media anual es baja y debido al alto nivel de evapotranspiración, la lluvia útil se reduce al 10%. Esta es la razón por la que la falta de agua dulce haya sido un problema persistente a lo largo de la historia de la ciudad, particularmente, para sus agricultores.

Sistemas árabes para la distribución del agua de los ríos, trasvases, embalses y la búsqueda de acuíferos son sólo algunos ejemplos de cómo distintas generaciones han sabido aprovechar hasta la última gota de este escaso recurso. Más recientemente, en la segunda mitad del siglo XX, aparecieron las primeras desaladoras que hoy ayudan a evitar las sequías de épocas anteriores. Sin embargo, su producción actual es sólo una quinta parte de lo previsto originalmente además de ser una tecnología costosa y con un consumo energético enorme. El resultado es que la Región de Murcia sigue siendo una de las Comunidades Autónomas con el precio más alto de agua dulce.

El propósito de este artículo es, por tanto, plantear nuevas ideas para suavizar los problemas del agua dulce de la ciudad utilizando la innovación y el mar como principales recursos. Aunque nuestra primera intuición nos dice que resulta imposible cultivar en un suelo árido y sin agua dulce, ejemplos innovadores pueden cambiar nuestra tradicional forma de pensar.

Sí, regar con agua dulce es posible

Existen en la actualidad muchos ejemplos de proyectos en todo el mundo que usan la energía solar y el mar para reinventar la agricultura. Un claro ejemplo es el Seawater Greenhouse (invernadero de agua marina).

Este modelo de invernadero, inventado por Charlie Paton en los años noventa, combina el sol y el agua de mar para imitar el ciclo hidrológico: el sol evapora el agua del mar, ésta se enfría hasta formar las nubes y vuelve a la tierra en forma de lluvia, niebla o rocío. Esta clase de invernaderos es más eficiente en climas áridos y templados como el sureste español, que es donde se encuentra situada nuestra batería.

 Jardín escalonado. Fuente: Aquamaris

Aquamaris, una organización que estudia los beneficios del uso del agua del mar, nos ofrece otro gran ejemplo. De entre todos sus proyectos, existe uno particularmente interesante para los alrededores de la batería: un jardín-huerto con agua salada en su base. Este innovador jardín obtiene agua dulce por evaporación.  El agua salada situada en su capa freática sube por capilaridad mientras que la arena se encarga de filtrar las sales, por lo que la tierra siempre se mantiene húmeda. El diseño del jardín en diferentes niveles se debe a que cada especie necesita más o menos distancia entre la planta y el agua salada para poder crecer correctamente.

 La aplicación de estos dos ejemplos ayudaría a aminorar el problema del agua dulce en Cartagena. Sin embargo, para reavivar la batería de manera definitiva y eficaz sería necesario combinar estas soluciones con otro tipo de actividades que hagan de ella un lugar más atractivo para los cartageneros y turistas.

 

La batería como foco de eco-turismo

Visualización del centro turístico ecológico y de investigación en la batería de San Isidoro-Santa Florentina. Fuente: Marta Suanzes. Except Integrated Sustainability

Además de los proyectos de agua marina mencionados, se propone un punto turístico ecológico y de investigación. El edificio y sus alrededores combinan diferentes funciones para proporcionar una ruta flexible para los visitantes. Esta ruta comienza en las casamatas, donde solían albergarse los cañones en su época militar. Estas estancias, conectadas entre sí, se transformarían en salas de exposición para mostrar la historia de Cartagena y sus problemas con el agua dulce. Tras ellas, los visitantes llegarían al corazón del complejo: el invernadero de agua marina. Se trata de un lugar donde niños y adultos descubrirían la alternativa a los problemas hídricos mencionados en las casamatas y cómo este innovador sistema permite que verduras, frutas y flores crezcan con el agua que rodea a la batería.  Ya en el exterior, los jardines-huertos diseñados en diferentes niveles se disponen de tal forma que ofrecerían a los visitantes una divertida oportunidad interacción.

Reavivando la batería mediante un buen acceso, sostenibilidad y cooperación

Uno de los problemas de la batería es la mala accesibilidad desde el centro de la ciudad ya que la única forma de llegar hasta ella es en coche. La simple creación de acerado y carril bici mejoraría enormemente esta zona e, incluso, Cala Cortina, una de las playas más concurridas de la ciudad situada 50 metros más adelante.

 

Además, debido a la exposición del sol, los vientos dominantes y los residuos orgánicos generados en el área, el edificio podría beneficiarse de energía renovable solar, eólica y biomasa que reducirían la dependencia tradicional de recursos energéticos.

Para este tipo de proyectos donde la innovación, la investigación y la promoción son elementos clave, la cooperación se hace esencial. Este proyecto es una excelente oportunidad para impulsar la colaboración público – privada, conectando, por ejemplo, entidades como Aquamaris y la Universidad Politécnica de Cartagena (UPCT) para explorar los beneficios que el agua salada puede ofrecer para la agricultura cartagenera. Además, la cooperación de Aforca, Cartagena Puerto de Culturas, la Autoridad Portuaria y el Ayuntamiento de Cartagena resultaría indispensable para promover el concepto de desarrollo urbano y eco-turismo en la ciudad. Un modelo de turismo que fomente la responsabilidad de nuestros recursos más escasos y que anime a la investigación de nuevas tecnologías inspiradas en la naturaleza para que ayuden al desarrollo sostenible de nuestras ciudades.

Cada espacio dañado o abandonado puede constituir el punto de partida para reavivar y transformar las áreas donde se encuentran ubicados. Se trata de espacios degradados pero con identidad que pueden llegar a convertirse en la inspiración de la gente que los ocupa. Este proyecto pretende servir de ejemplo de un nuevo enfoque a la hora de tratar el planeamiento urbano y la rehabilitación en nuestras ciudades, un enfoque más innovador que aúne los objetivos de la mejora de la calidad de vida, la puesta en valor del patrimonio histórico, la optimización de los recursos naturales y la conservación del medio ambiente. 

Marta Suanzes Granda. Arquitecta en Except Integrated Sustainability

 

 

 


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